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Helados elaborados en silencio y oración para sostener un monasterio


Esta es la historia de cómo dos deseos se unieron y dieron lugar a un helado único fruto de un encuentro providencial.


Una mujer vino a la Fundación Contemplare con un firme propósito: quería donar su saber hacer a un monasterio. Así, sin más. Pilar (Coco) Laín era maestra heladera, consagró 30 años de su vida a crear los sabores más exquisitos para servir a los mejores restaurantes de Madrid. Pero ahora había decidido cerrar esta etapa y dedicarse a su familia. 


Nos pusimos en camino para encontrar un monasterio que pudiera aprovechar ese conocimiento… y contactamos con las Clarisas de Villacastín (Segovia), un monasterio con muchas hermanas jóvenes con muchas ganas de aprender.

Cuando las llamamos, pasó algo que todavía nos sobrecoge: se emocionaron. Nos dijeron que llevaban dos años rezando para que Dios les mandara a alguien que les enseñase a hacer helado. Ellas lo habían intentado por su cuenta, sin éxito.


El encuentro entre ellas fue de las cosas difíciles de olvidar. No se trataba solo de una transferencia de conocimiento, sino de dos deseos muy concretos y muy profundos cumplidos. Además era la esperanza de poder diversificar su oferta tan centrada en dulces Navideños y con una venta tan estacional. 

Desde la fundación hemos acompañado a ambas partes en todo el proceso: haciendo de puente, organizando el aprendizaje, canalizando donaciones para acondicionar el obrador, ayudando también con el diseño del envase, buscando clientes… viendo cómo algo que empezó como una intuición se convertía en algo real.


Y el resultado es doble: un helado verdaderamente espectacular, y una historia que permite dar continuidad a un oficio gracias a un encuentro providencial.